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Un Refugio Para El Pecador

 

Por Lucien LeSage

 

¿Por qué tendría alguien necesidad de un refugio?, me puede preguntar. Pues vendrá el día cuando los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo hombre libre buscarán desesperadamente dónde esconderse. ¿Cómo sé eso? Porque Dios me dice así en el libro de Apocalipsis. Oiga las palabras de la profecía:

Apocalipsis 6:12-17

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?”

 

Por lo tanto, vemos que los hombres buscarán un lugar de esconderse en el gran día de la ira de Dios. Y, ¿de qué se esconderán? Pues, la Biblia nos dice que los hombres van a esconderse del ROSTRO de Dios. El hombre perdido no es apto para presentarse delante de Dios. De hecho, nadie puede estar de pie delante de Dios en su estado natural, ni por sus propios méritos. Salmo 130:3 “Jehová, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?”

 

Moisés Necesitaba Un Lugar Para Esconderse

 

En Exodo, capítulo 33, Moisés quería ver la gloria de Dios cuando hablaba con El. Hemos leído que Moisés era un hombre manso. De hecho, la Biblia nos dice en Nùmeros 12:3 “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.” Sin embargo, ni al hombre Moisés le fue permitido contemplar el rostro de Dios.

 

Observe lo que dice Exodo 33:18-23. “El entonces dijo: Te ruego que me muestres tu gloria. Y le respondió: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí un lugar junto a mí, y tú estarás sobre la peña; y cuando pase mi gloria, yo te pondré en uno hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado. Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro.”

 

Por Su voluntad soberana, el Señor concedió mostrarle a Moisés toda su bondad y misericordia, pero no le permitió ver Su rostro, porque ningún hombre lo podría ver y entonces vivir. Pero el Señor mismo escogió dar a Moisés un lugar de refugio cerca de El. El lugar especial era una roca sobre la cual estaría de pie Moisés y en la roca hubo una hendidura donde Dios puso a Moisés. Dice Dios en el versículo 22: “…yo te pondré en una hendidura de la peña…” No solamente en cualquier roca, sino la roca en el lugar cerca del Señor. Y para cubrir a Moisés, Dios lo hizo con Su propia mano. En el versículo 22, continúa decir: “… y te cubriré con mi mano…”

 

Entonces, ¿qué significa esto? Pues, déjeme contarle sobre aquel LUGAR cerca de Jehová Dios, aun a Su lado derecho. Es la ROCA sobre la cual se puede afirmarse y la HENDIDURA. No es una roca terrenal, sino celestial; una ROCA espiritual. Leemos de una roca de la cual los israelitas tomaron agua durante su jornada en el desierto. Fue una roca que servía de ilustración y símbolo, porque significaba una roca espiritual. 1 Corintios 10:4 “y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la ROCA ESPIRITUAL que los seguía, y LA ROCA ERA CRISTO.”

 

Cantamos el himno, “Roca de la Eternidad” que se basa de este tema,

ROCA DE LA ETERNIDAD, FUISTE ABIERTA PARA MÍ;

SÉ MI ESCONDEDERO FIEL;

Sólo encuentro paz en Ti:

Eres puro manantiel En el cual lavado fui.

 

En Colocenses 3:3, Pablo asegura al cristiano que cree en Jesús, “…vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” No hay lugar más seguro! Esto es la idea que el autor del himno bien expresó. Jesucristo es la roca, y El nos esconderá de la ira de Dios que un día vendrá sobre este mundo. El derramó Su sangre en la cruz, no sólo para salvarnos del juicio de Dios, sino también para hacernos puros y limpios del pecado por medio de la justicia de Cristo impuesta a nuestra cuenta. Se puede preguntar, ¿cómo es posible esto? y ¿por qué necesito esto?

 

El evangelio es el mensaje de las buenas noticias, pero solamente sirve para los que llegan a conocer su necesitad. La Biblia claramente declara que todos los hombres somos pecadores. En el libro de Romanos, Pablo nos dice que los judios no son mejores que los gentiles, porque “todos están bajo pecado.” (Romanos 3:9). Cada persona nacida en este mundo es injusta por naturaleza. “No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). El hombre perdido no quiere buscar al Dios verdadero, sólo a un dios falso. “No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios” (Romanos 3:11). Además, la Biblia dice que por naturaleza nadie hace lo bueno. “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12). Puede parecer dificil de creer, pero es cierto. Todo lo que no proviene de la fe (la fe dada por Dios) es pecado. Un día, muchos vendrán a Cristo confiando en el valor de sus buenas obras, sólo para ser rechazados y desconocidos.

 

Mateo 7:21-23 “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”

 

Las Malas Noticias

 

La escritura declara que todos han pecado, pero para la mayoría de los hombres, no lo ven el pecado como un gran problema. Incluso pueden jactarse de su pecado y no les da pena por eso, al menos por ahora. El problema es debido a la ceguera de su propio corazón. Pablo escribió de esto en Efesios 4:17-19 “Esto, pues, digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón; los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza.” En el capítulo 3, leemos que los cristianos en la iglesia en Efeso estaban en el mismo estado antes que Dios obró en ellos.

 

Efeso 2:1-5 “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).” Vemos que Pablo incluyó a si mismo al decir: “entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo…”

 

El Problema Explicado Aún Más

 

Jesús les dijo a los fariseos religiosos: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mateo 12:36). Él les dijo eso a los hombres más religiosos de aquel tiempo. Justo antes de decir esto a ellos, les había llamado “generación de víboras” (Mateo 12:34). Ellos eran hombres, que a pesar de preocuparse por guardar cuidadosamente la ley de Dios, fueron llamados víboras por nuestro Señor y fueron completamente perdidos. Ellos “confiaban en sí mismos como justos” (Lucas 18:9). El Señor Jesús nos dijo esto acerca de la justicia: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20). Los fariseos se esforzaron para ser lo mejor de aquel tiempo, sin enbargo, todo lo que hicieron no era suficiente. ¿Se atreven a confiar en que usted es mejor de los fariseos? Los hombres quieren compararse con otros, pero la Biblia nos dice que esto no nos conviene. Pablo dice, “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos” (2 Corintios 10:12). Sólo hay uno a quien usted debe comparararse y él es el Señor Jesucristo. Cuando nos comparamos con él, nos encontramos extremadamente inadecuados. Por lo tanto, el problema mayor es que todos tenemos pecados y por ellos daremos cuenta y la penalidad del pecado es la muerte. Santiago dice que si ofendemos la ley en un punto, somos culpable de todo. “Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.” (Santiago 2:10). Quién será capaz de soportar el juicio de Dios? Y recuerde lo que el salmista dice: "¿JAH, si mirares a los pecados, ¿Quién, oh Señor, podrá mantenerse?” (Salmo 130:3).

 

El Día Incómodo Ya Viene

 

“Por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. (Hechos 17: 31). En Apocalipsis 20:11-15 leemos: “Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y toro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.”

 

Salmos 76:7 nos dice, “Tú, temible eres tú; ¿Y quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira?” También el salmista dijo: “¡Cómo han sido asolados de repente! Perecieron, se consumieron de terrores” (Salmos 73:19).

 

Y, ¿qué más se puede decir con respecto a ese día? Y, sin embargo, existen multitud de versículos de la escritura que describen ese día terrible que espera a aquellos que no conocen a Jesucristo como salvador. Estas palabras son suficientes para dar temor al corazón de quienes creen que la Biblia es la Palabra de Dios. Cuando llegue ese día, ¿dónde se esconden los pecadores entonces? Elihu nos da la respuesta. “No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se escondan los que hacen maldad” (Job 34:22). En otras palabras, no hay dónde esconderse cuando llegue ese momento. ¡Será demasiado tarde!

 

 Las Buenas Noticias para Ellos que Se Sienten Incómodos con el Pecado

 

“El temor de Jehová es el principio de la sabiduría, y el conocimiento del Santísimo es la inteligencia” (Proverbios 9:10). El conocimiento de la santidad de Dios es la inteligencia y es este tipo de temor que es el principio de la sabiduría. Es el temor del Señor no sólo el temor del castigo, sino el temor de Dios. El profeta Isaías vío Dios y los serafines “el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria” (Isaías 6:3) Entonces, ¿cuál fue la respuesta de Isaías? “¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" (Isaías 6:5). Si así fue la respuesta de un profeta de Dios, cuánto más alguien que nunca ha confiado en Jesucristo para su salvación.

 

La palabra "evangelio" significa "buenas noticias" y es el mensaje de que Jesucristo vino al mundo para salvar a los pecadores. El Apóstol Pablo dijo: “Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Timoteo 1:15). Me puede preguntar, ¿cómo hizo para salvar a los pecadores? Pues, por medio de la sustitución; tomando los pecados de todos los que creen y van a creer en él sobre sí mismo y llevando el castigo por los pecados en su propio cuerpo y alma. El profeta Isaías es claro sobre esto cuando declaró acerca de la venida del Mesías: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” (Isaías 53:10-11).

 

Philip confirma en Hechos 8:32-35 de que el pasaje de Isaías seguramente habla de Jesucristo. El eunuco etíope estaba leyendo este pasaje y preguntó a Felipe de quien el profeta habla. Leemos, “Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús”(Hechos 8:34-35).

 

Pablo en muchos lugares en sus epístolas establece lo mismo sobre la muerte y resurrección de Jesucristo. Aquí hay unas pocas escrituras que explican lo que Cristo hizo al estar colgado en el madero y resucitarse de la tumba. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21). Así que, los pecados de "nosotros" fueron imputados a Jesucristo quien no conoció el pecado, y aún se encontraba en el lugar de los pecadores trayendo sus pecados.

 

Pedro dijo: “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).

 

Pablo dijo que el evangelio es el mensaje de “que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:1-4). Pablo además dice, “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

 

La Obra Sacerdotal de Cristo

 

Durante la etapa del Antiguo Testamento, un tabernáculo fue hecho y dentro del segundo velo había un lugar llamado "el Lugar Santísimo" donde entró el sumo sacerdote del Antiguo Testamento una vez al año. Hebreos 9:7 dice: “pero en la segunda parte, sólo (entró) el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo.” Pero Hebreos 9:9-12 claramente dice que eso fue simbólico: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, ya que consiste sólo de comidas y bebidas, de diversas abluciones, y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas. Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”

 

Como Aarón representaba a los israelitas cuando él entró en el Lugar Santo, así Cristo hace lo mismo para todos los que creemos en él. Y ¿dónde estaba ese Lugar Santo que Cristo entró? “Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9:24).

 

Agreguemos que Cristo lo hizo sólo una vez. No hay necesidad de ninguna repetición. Hebreos 9:25-28 dice: “y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”

 

Hebreos 10:10-14 dice: “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”

 

Somos Salvos Por la Fe, Pero la Fe Tiene un Objeto

 

La Biblia dice claramente que la salvación es por fe. Pero la fe se enfoque en un objeto. El objeto de la verdadera fe (la fe de los elegidos de Dios) es la obra de Cristo anteriormente mencionado. El tener fe consiste de poner la confianza en lo que él ha hecho a favor del pecador y no confiar en nuestras obras, nuestra justicia ni incluso de la propia fe. ¿Cómo podríamos confiar en nosotros mismos cuando Isaías 64:6 dice: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.”

 

Estimado lector, sólo hay un lugar de rescate para nosotros. Hay un solo objeto en lo cual un pecador puede poner su fe. Es el Señor Jesucristo y su gran obra sacerdotal.

 

La llamada es para los pecadores a venir a él para salvación. A los fariseos religiosos, Juan el Bautista “les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?”

 

A los pecadores, les ruego que busquen. a Cristo como su refugio. Jesús es el único refugio donde podemos estar seguros y escapar de la ira de Dios. Al saber esto, el alma estobada tendrá descanso. El mismo Jesús dijo en Mateo 11:28-30: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.”

 

¿Hay alguien trabajado bajo la carga de sus pecados? ¿Hay alguien cargado con sus pecados? ¿Hay alguien que ve a sí mismo como “el primero” entre los pecadores? Si es así, entonces, que no es una cosa natural. Pablo dice en 2 Corintios 7:10: “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.”

 

No hablo de una tristeza mundana, pero tristeza que es según Dios. Pablo dijo en ese mismo versículo que "la tristeza del mundo produce muerte." ¿Tiene tristeza que es según Dios? Si es así, entonces sepa que Dios está obrando en su alma y huya a Cristo para esconderse en él. Si ya conoce a Cristo y tiene este testimonio, entonces sepa que “vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Colosenses 2:10).

 

English Version


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